Una noche con Lemebel

Foto: La Tercera


Acabo de recibir un email de la Red Conceptualismos del Sur, donde me informan que la exposición Perder la forma, en el museo Reina Sofía, será inaugurada esta noche en Madrid. Y más allá del tema de la muestra, debo confesar que mi pena por no estar hoy en la capital española es porque, entre los artistas que estarán ahí, figura el escritor chileno Pedro Lemebel. A él tuve el privilegio de conocer hace unos siete años en Lima, donde estuvo invitado por la Cámara Peruana del Libro para la Feria de Lima. 

Aquella noche, conversamos de todo, desde literatura y sexualidad hasta política y amor. Él, que es un seductor profesional, no dejó de aprovechar la ocasión para ejercer. En lo particular, me sentí muy halagado porque era la primera vez que alguien intentaba seducirme en base a intelectualidad e inteligencia, pero si sus esfuerzos cayeron en un saco roto fue, sobre todo, porque él mismo me dio a entender que disparaba, cual metralleta, hacia todos lados. Y, como a mí me gusta la exclusividad, pues ahí quedó.

A todo esto, la negociación de la entrevista me resultó muy confusa, pues él insistía en que la entrevista debía hacerse dentro de un taxi que recorriera Lima de noche. Yo quería aceptar el reto, pero como no sabía quién iba a pagar el taxi ni hasta qué hora se iba a prolongar algo así (yo debía regresar esa misma noche al diario a redactar la entrevista) se me ocurrió pedir un plan B, y su representante propuso la plaza San Martín como encuentro. 

A continuación, la entrevista que le hice, pero con ligeros cambios para adaptarlo al 'estilo' blog:

LA ENTREVISTA, LIMA, 2005
Una vuelta por la Plaza San Martín, dos, tres... Parecía que la misión de encontrar a Pedro Lemebel, en medio de una nutrida manifestación con olor a pollo a la brasa, había fracasado. Con la fotógrafa que me acompañaba, ya nos habíamos dado por vencidos, y ante ese panorama de frustración, verlo aparecer nos iluminó la noche (la fotógrafa se fue apenas lo retrató entre policías con escudos). 

“Te dije que iba a llegar”, dijo mientras estrechábamos nuestras manos, no de la manera clásica sino como pandilleros. “Estoy con un viejo amor que no veía hace años... sígueme”, añadió señalando a un jovencito limeño. Ahora éramos tres los que caminábamos por las oscuras calles del Centro de Lima hasta que encontramos un bar adecuado, donde ‘rolear un huiro’ en la mesa a vista y paciencia de todos era algo que a nadie llamaba la atención. Pedimos una jarra de cerveza, sin saber que estábamos dejando a Pedro sin dinero para el taxi de regreso:

–Pero yo no tengo plata, ¿cuándo vale esta weá?
–No sé, yo tampoco tengo.

El fondo musical era con música de Madonna. El ‘amigo’ de Pedro hizo un gesto de fastidio cuando Pedro y yo comenzamos a hablar y se retiró. Yo no entendía qué estaba pasando, así que hice lo que mejor sé hacer: no darme por enterado y continuar. Antes de que la entrevista oficial empezara con la grabadora en mano, estábamos hablando del amor, de lo peligroso que era (recién ahora entiendo por qué se pudo haber molestado su amigo), y que en la mayoría de las historias, como en El beso de la mujer araña, “la loca siempre termina muerta”.

¿Cómo calificaría esta literatura?
No es literatura homosexual. Se puede hablar de una aspiración castigada, pero no de un corpus literario. La escritura homosexual –no la literatura– debiera ser una fuga de lo que el canon llama literatura. Las voces de esta escritura son muy diversificadas, pues se puede escribir desde la homosexualidad o sobre la homosexualidad. La homosexualidad y la heterosexualidad son construcciones culturales.

¿Es por eso que cada vez hay menos homosexuales, pero más bisexuales?
Yo creo que no, la bisexualidad siempre es una trampa, porque te vuelve a encadenar al dualismo: homosexual-heterosexual… Yo creo en una multiplicidad de sexualidades, donde cada persona tiene una sexualidad, como una huella digital, pero compartible.

¿Y lo de hétero, homo y bi?
No, ahí caemos en el catolicismo, en la triada… ¿Yo ahí qué sería? ¿La madrina? Esa es una idea religiosa y literaria. Por ejemplo, hace poco hubo una invitación a España para escritores chilenos. Y teníamos que sacarnos una foto juntos. ¿Y qué era yo ahí? ¿La tía pedófila? (Risas). Es jodido emparentarse con una familia literaria, sobre todo cuando uno viene de un país como Chile, donde los referentes son la poesía nerudiana, parriana, huidobriana, etc.

En sus textos usted es muy detallista…
Pulcro. No en el sentido higiénico, sino en que "ojo de loca no se equivoca" (risas). Mentira, se equivoca también, pero la equivocación es un lugar interesante para hablar. El desvío, el viraje… Cuando tú haces todos los días el mismo trayecto del diario a la casa y de ahí a la universidad, hay un momento en que doblas por una esquina desconocida… Ahí empieza la literatura, la escritura.

La literatura no puede ser el lugar común…
Nooo, para eso vemos la tele, a Don Francisco.

Entonces, el escritor debe llevar una vida distinta…
Por supuesto, si yo no viviera lo que escribo… Yo no ficciono; odio la ficción. Yo, en plena dictadura de Pinochet, escribía cuentos. Y en un momento me resultaba tan falso hacerlos, que me decidí por este ‘entregénero’ bastardo que es la crónica, que me quedó como anillo al dedo.

Usted hizo una crónica sobre Lucho Barrios... ¿Quién es él para usted?
La voz en el deseo prostibular hecho canción. ¿Me dices que él es un macho? No, yo creo que la voz de él frisa lo macho. Él no es como el tango. El bolero de Lucho Barrios es una feminización. Una vez lo invitaron a un programa de televisión, donde el animador era un fascista gordo, y le preguntaron: “¿Por qué usted canta estas canciones tan trágicas y dramáticas riéndose?”. Y Luchito Barrios, con toda su potencia y sabiduría, le respondió: “Es que son las mismas canciones que canté en el Olympia de París”. 

¿Sabes dónde podemos conseguir un cigarro, Baaambi?

(Primera digresión a esta entrevista: cuando él pronunció "Bambi" de manera insinuante, me hizo pensar en que Pedro no sabía en absoluto quién era yo, por lo cual le formulé la siguiente pregunta).

No, ni idea. No sé dónde hay cigarros. ¿Siempre que visita una ciudad tiene relaciones tan directas y peligrosas con ella?
Hay una cita del poeta argentino Néstor Perlongher, quien dice que equivocar el camino es conocer. Es confundirse en los olores y sabores de esta urbana seducción. En ese sentido, yo no voy a las ciudades a ver los paisajes. Yo voy a ver amigos y amores. Yo no vengo al Callao si no es para ver a mi amor chalaco (risas).

¿Qué libro está preparando ahora?
Adiós, mariquita linda. No hay un tema sino muchos, porque son mis peregrinaciones por esta América Latina. Por ejemplo, yendo de Santiago a Lima, conocí al Roger, que tenía el nombre de un Menudo. Él me dijo: "vamos a tomarnos unas chelas, pata", y ahí me fui enamorando del Roger. Yo le contesté "qué haces acá", y resultaba que se iba al puerto de Iquique, donde compraba jeans Levi’s, calzoncillos Calvin Klein, etc. Cuando se bajó un poco el pantalón y me mostró el elástico de su bikini... ahí morí yo.

(Segunda digresión: Cuando un año después pude leer de pie su libro Adiós, mariquita linda en una librería de Barcelona, sentí que sus deliciosos textos eran el fiel reflejo de su oralidad, igual de sabrosa. La historia de Róger, a quién él comparaba con el monitor Huáscar y que lo hacía sentir a él como la corbeta Esmeralda, y cómo es que su ocasional amante peruano tuvo que escapar por la ventana del lugar donde se encontraban, prácticamente la sentí recitada en el oído mientras la leía).

¿Por qué en la escritura homosexual es recurrente el deseo por conquistar un heterosexual?
No es una heterosexualidad la que uno trata de vencer, conquistar o torcer en último caso, sino que es una lucha contra el poder. Llámese heterosexual, macho etc. Y, a veces, contra el crimen también. Uno sabe con quién se mete y con quién la pita tiene los pétalos rosados.

En Chile, Jaime Baily es muy admirado. Él no parece homosexual...
Yo no creo que sea homosexual sino que juega a eso, porque le da plata. Como decía antes, la homosexualidad no existe y puede que su homosexualidad tampoco exista. Me parece que él es demasiado liberal para un país tan pobre. Creo que él agrede permanentemente al Perú con su facha, su estilo, sus vicios, etc. Siempre me dicen: “Ay, Pedro, tú qué tanto hablas de los pobres”. Yo sé de los pobres y hablo de los pobres porque yo me acuesto con los pobres. Yo sudo con los pobres. A mí me culean los pobres. Yo amo al Perú por estos lugares. Por ejemplo, yo no sé si es que Baily habrá venido aquí, a la plaza San Martín, a levantar un putín.

¿Usted sí?
Yo no los levanto, ellos me levantan. Yo soy más Rolling Stones, en cambio el Baily es más...

¿Donna Summer?
Ni siquiera, es como esa vieja cubana… él es Gloria Stefan: ninguna credibilidad y ningún deseo. Aburrida y terrible. Él me invitó una vez a su programa, pero dijo que yo tenía que pagar mi pasaje: está demente el maricón sidoso.

¿Y cómo maneja usted el Sida?
Con condón, pues, ¿cómo más?. La última vez que me hice el examen fue hace dos semanas y le dije a la enfermera que viera el resultado, porque yo me quería morir de un shock. Ella sacó el sobre, lo leyó y me dijo: "Siga concursando". (Risas)… ¿Oye, sabes una cosa? Yo cambio cinco París por un Lima.

¿Por qué?
Porque acá me 'cogen', en otros lugares admiran al escritor. Me gusta la generosidad de este pueblo.

¿Por qué no vive acá?
Sólo cuando autoricen el casamiento homosexual.

¿Qué opina de eso?
Me parece atroz. O sea, volver a las convenciones… Eso tiene que ver con al manual gay y yo no lo soy. Soy otra cosa y ahí me entiendo. Me refiero a las construcciones de identidades. ¿Como me puedo entender con un rapero o un rasta? Desde ese otro lugar, desde ahí nos entendemos. Luego nos vamos juntos a la cama, y nadie lo va a saber hasta que te di esta entrevista y te conocí. Yo sigo rescatando eso de la privacidad de los encuentros... Un amigo me decía hace poco "qué bueno eso de la militancia homosexual".

Pero al poder le conviene institucionalizar.
Hay un lugar logrado, ganado. Los procesos sociales no se estancan ni retroceden. Nunca más se le va a negar a la mujer el derecho al voto ni a los jóvenes se les perseguirá por el pelo largo. La historia es progresiva, aunque vengan las dictaduras. Hace poco, con un amigo del MHOL (Movimiento Homosexual de Lima), hemos andado juntos por la plaza San Martín con el deseo y el ano abierto como una amapola en flor, una flor carnívora, deseante; que venga el burro… ¿Tú usas frenillo?

Para enderezar mis dientes…
Pero si igual eres bonito...

(Tercera digresión que no puse en la entrevista original, porque era para publicar en un diario. Lemebel dijo que le encantaba mi rostro. Algo dijo de mis ojos "inmensos" comparados a los suyos que eran de "chinito". Y también se refirió a mis facciones mezcla de "inca y español"). Yo contraataqué con la siguiente pregunta.

¿Por qué se cree que la homosexualidad tiende a la promiscuidad?
Tú le tienes miedo a la homosexualidad... ¿Que tienes amigos? Todo el mundo tiene amigos y amigas, pero otra cosa es que yo te suelte la tarántula por el muslo (puso su mano en forma de tarántula sobre mi muslo). Tu trato conmigo es como si trataras con un raro insecto.

Es trato profesional, de periodista...
No me trates de usted. Néstor Perlongher, que jodió tanto para que la izquierda lo dejara entrar hasta que pudo, dijo en su carta de agradecimiento: “Yo no quiero que me entiendan ni me comprendan, yo solo quiero que me cojan”... Qué me importa que me entiendas tú (dirigiéndose a este redactor).

¿Una sexualidad amplia hace a un hombre más completo?
Cuanto más libre, es más integral. Yo vengo acá y cojo hasta con el San Martín de la plaza y nadie me dice nada. Lo hago con chicos de 20 años, como el que viste hace poco. ¿Y? ¿Quién me va a decir algo, si es amor?

¿El amor es tan fugaz?
El amor es un milagro: dura un segundo, como un jale, un ‘snif’. De ahí me voy y después escribo.

¿Y eso no genera soledad?
Mucha, mucha soledad... Pero un escritor necesita de esa soledad.

Pero duele...
Fíjate que no soy masoquista en ese sentido. Creo que también tengo el teléfono a la mano.

¿Y quién aparece?
Un ‘diler’, un taxi boy, una amiga, un amigo, etc. Uno arma su familia con quien quiere. ¿Tú quieres que me venga a vivir en Lima? Yo no duraría mucho acá, el vaivén es demasiado.

¿Con respecto al poder y las democracias, qué opina de la reciente manifestación en la que nos hemos encontrado?
Los escudos acrílicos policiales me parecieron de una violencia que no tenía la manifestación: había violencia en el "por si acaso". La misma sociedad produce la violencia para producir sus contrincantes, que son los aparatos de contención. No es el ladrón el que produce el vigilante…

¿Se refiere al capitalismo?
El 'status quo' en estas ciudades neoliberales te dice que todo es peligroso, terrible, que todo puede hacernos mal. Y que con un beso te puedo pegar el Sida, por ejemplo. En ese sentido, yo voy libre y desnudo por las capitales latinoamericanas, por los suburbios, y por los pantanos del crimen donde la droga cruje. Y salgo vivo, resucitado.

Pero no todo el mundo tiene su suerte, de salir vivo.
No. ¿Que cuál es el secreto? Me lo llevo a la tumba. ¿Que soy egoísta? Entre maleantes y piratas tenemos códigos amados que se encintan en el mudo corazón.

Cuando nos despedimos con un abrazo y un beso en mejilla, salí rumbo a la redacción del periódico, para contarle a mis colegas la experiencia. En el camino, me encontré con el jovencito que lo acompañaba antes. Me le acerqué y le dije que Pedro lo estaba esperando allá arriba, en el bar. Que estaba solo. Al chico se le infló el pecho de emoción y me dijo "¿en serio?". "Sí, ahí está, chao", contesté. Él salió corriendo a buscarlo.

Francisco Estrada. Barcelona, 25 de octubre de 2012.

Ser socialista de verdad es decirle NO a Chávez


Nikita Jruschov criticó el culto a la persona de Stalin.

Es muy triste, pero no es un secreto que los hay quienes se jactan de pertenecer a las clases privilegiadas de este sistema capitalista, denostando de quienes no son como ellos. Según su forma de ver el mundo, cada quién está donde le corresponde según sus capacidades, por lo cual habría que necesariamente deducir que existe gente “inferior” que merecería estar en la base piramidal .

Aquel es un extremo, pero, en el medio, la mayor parte de la población con un poco de sensibilidad suele caer en una mediocre apatía que le hace el juego a la injusticia inherente a esta sociedad. Y en este sector medio, también están quienes, sin ninguna intención política, son consecuentes y directamente pasan de todo. Estos últimos son legión cuando las migajas que caen de arriba son suficientes; así sea en forma de créditos (en el movimiento de los Indignados, he escuchado a gente decir que está ahí porque no tiene trabajo; ergo, si estuviera empleada, jamás estaría ahí denunciando las grandes estafas de la banca).

Sin embargo, en la otra orilla, también tenemos personas dentro de nuestras sociedades capitalistas que son tan egoístas como las primeras, aunque enarbolen las banderas de la justicia y de la igualdad. Se trata de quienes, simplemente, se apropian de un discurso moralista con el único fin de exhibir como carta de presentación y de imagen “correcta” ante quienes, distraídamente, también creen albergar en sus corazones una consciencia social (aquí, tanto el que exhibe moral como el que la juzga se necesitan con desesperación). ¿Y cómo podría saber uno que estas personas no son en realidad socialistas? Pues, entre otras cosas, por no tener reparo alguno al momento de simpatizar con dictaduras de por aquí y de por allá (mientras más "por allá", mejor). Este hecho, que es anecdótico en la cotidianeidad, se vuelve criminal cuando se ejerce desde el poder, porque desvirtúa una de las ideas más bellas que la humanidad ha concebido: el socialismo.

La verdadera enfermedad de Chávez 
El culto a la personalidad fue descrito por primera vez por el secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, Nikita Jruschov, hace más de medio siglo, en un intento por marcar una diferencia con respecto al terrorífico pasado instaurado por Iósif Stalin. En la misma senda, ejemplos de esta enfermiza manera de hacer política, son líderes como Adolf Hitler, Francisco Franco o el más contemporáneo Kim II-Sung.

Todos ellos, fomentando la adoración a su persona (conceptual y física), se presentan como mesías de sus sociedades, colocando como enemigos de la patria, o del adorado líder, a quienes no comulgan con ellos. La consecuencia es la creación de odios y de fracturas sociales con el único fin de mantenerse en el poder ya no mediante ideas políticas sino prácticamente religiosas.

Y, lamentablemente, a pesar de los ejemplos históricos, las sociedades siguen cayendo en estos caudillismos. Y para que estos caudillos puedan construirse, no solo hay que crear enemigos sino “obras sociales” que los sustenten y una cosmogonía propia (reescribiendo la historia hasta límites delirantes). El mensaje principal de estos líderes es que, sin ellos, derechos básicos como la sanidad, educación y alimentación, desaparecerán. Así, ellos se convierten en los padres falocéntricos de estas sociedades que mutilan a sus hijos para que siempre sean dependientes.


El líder carismático jamás ofrecerá las herramientas para que sus hijos crezcan y puedan valerse por sí mismos, porque eso les quitaría poder. El líder carismático, la historia enseña, se empeñará en destruir los mecanismos democráticos y de contrapoder necesarios en toda sociedad. Algunas veces de maneras directas o más 'astutas', como es el caso venezolano. Y el líder carismático, obviamente, se comportará, hablará y vestirá según la imagen que sus asesores tengan de su público-objetivo. Es decir, mientras más  menosprecie a su pueblo, pues más bajo será capaz de caer en las representaciones de sí mismo.

Es por ello que, cuando en nombre del socialismo, se termina apoyando el culto a la personalidad de ciertos líderes autocráticos, como la del venezolano Hugo Chávez, resulta por lo menos contradictorio, cuando no moralmente reprobable. Y desde el punto de vista práctico, una barbaridad, porque nada debe agradarle más a Washington que un personaje haya convertido la palabra 'socialismo' en sinónimo de estridencia, corrupción, megalomanía, odio y locura. Tarde o temprano (hoy 7 de octubre o después), ya nadie querrá saber de Chávez en Venezuela, enterrando junto con él la palabra 'socialismo'. Qué diferencia con la frugalidad y mentalidad práctica de un Pepe Mujica, en Uruguay, a quien no se le puede discutir su voluntad socialista.

Que un presidente nos haga reír desde el extranjero con declaraciones altisonantes o nos haga creer que está en contra del Imperio (cuando en realidad se trata de su primer socio económico), “fuera yankees de mierda”, es para admirarle su capacidad de persuasión y, a la vez, demostrarnos que de socialismo no sabemos nada (término de por sí complejo, con múltiples interpretaciones y dificultades para ser aplicado correctamente en la práctica).

Lamentablemente, Chávez, que hace muchos años nos hizo llorar de emoción con su primer discurso como presidente en funciones, ya ha demostrado que no tiene la más mínima vocación de hacer de Venezuela un país moderno, innovador, progresista y productivo... sino todo lo contrario. También es cierto que nada nos garantiza que un cambio de poder sí lleve hacia esa senda, pero por lo menos se hace necesario otorgarle el beneficio de la duda a otra persona, porque el de ahora ya defraudó a ese país que tanto dice querer. Y si bien el amor a uno mismo se hace necesario en todas las circunstancias, llevado a un extremo desde una posición de poder, como la presidencia de un país, entra en conflicto con una función que es de servicio (de amor a los demás).

No soy venezolano, pero como ser humano creo normal mi preocupación por las elecciones de este 7 de octubre de 2012, y mi consecuente frustración por no poder votar como un venezolano más (lo cual amplifica mi inherente insignificancia como persona). Por ello, ayer hice un pequeño acto solidario con la oposición venezolana en Barcelona. Ahora, escribo... y ya más no sé qué hacer sino esperar. ¿Se vendrá una tristeza más? ¿Obtendremos por fin un cambio? Pronto lo sabremos.

Francisco Estrada. Barcelona, 7 de octubre de 2012.

Apología del deporte

Apreciarlo también requiere educación (cultura).
Desde que el arte conceptual terminara de pulverizar los principios bajo los cuales se juzgaba una obra de arte, mucha agua ha corrido bajo el puente. A partir de aquellos primeros años del siglo XX, no solo se cuestionó lo que era arte sino hasta quién era artista, cuáles eran las funciones del espectador, del crítico o del espacio donde se exhibían las piezas.

Y aquellos cuestionamientos llevaron a propuestas autodestructivas dentro del mismo arte conceptual, alcanzando cuotas de holocausto nuclear con el artista italiano Piero Manzonicomo, cuando en 1961 produjo su célebre obra Mierda de artista (su caca estaba envasada en latas, las cuales, por el simple hecho de tener su firma, ya eran arte). El urinario, de Duchamp, era algo inocente al lado de estas latas.

Sin embargo, separar la paja del trigo (la caca del arte) es para nosotros los profanos del arte, aunque parezca difícil de aceptarlo, muy difícil. Las teorías y citas que pueden sustentar el valor de una obra que en realidad es caca (literalmente) son lo suficientemente elocuentes tanto para compradores 'new rich' sedientos de estatus como para los mismos críticos pensantes que, temerosos de romper con este perverso sistema (y dejar de comer de las sobras que de arriba caen), reproducen ideas que están al servicio de intereses únicamente económicos.

Pero, como no todo lo que no brilla no es necesariamente caca, es evidente que el arte conceptual, con sus sanos cuestionamientos (todo cuestionamiento es sano), ha hecho grandes aportes; así estos se hayan prestado para las pillerías de personajes inescrupulosos.

Todo lo anterior es simplemente para preguntarnos: ¿Cualquier objeto puede ser arte (sustentado por su respectivo marco teórico; farsante o no)? ¿cualquiera puede ser artista?, ¿qué otros objetos (o ideas) merecerían exponerse en galerías o museos o, por lo menos, estar a la altura de ellos? 

A pesar de que no es un cuestionamiento novedoso, la idea me la planteó por primera vez un amigo, cuando me aseguró que él pondría el vídeo del partido Italia-Brasil, de 1982, como un loop continuo en el Reina Sofía. Y jugando con esa idea, me puse a pensar en qué otros objetos que no fueron originalmente pensados como arte podrían ser considerados como tales.

Se me vienen muchos a la mente, pero siguiendo con el vídeo, definitivamente, la pelea Muhammed Ali vs. George Foreman, de 1974, es uno de los productos audiovisuales más bellos jamás registrados. La historia detrás (un Ali musulmán intentando recuperar el trono que el Gobierno estadounidense le arrebató por negarse a “asesinar a sus hermanos amarillos” en la guerra contra Vietnam, más la clásica lucha entre juventud y fortaleza contra experiencia y habilidad) eleva aún más el goce de estas imágenes (siguiendo la tónica del arte conceptual, donde las ideas detrás del objeto son tanto o más importantes que el objeto mismo).

Por otro lado, también hay registros épicos con historias denigrantes detrás, como los estéticamente fabulosos retratos de la Alemania nazi realizados por la cineasta Leni Riefenstahl (en especial, para mi gusto, sus marchas militares son de lo más impresionante que puede haber). Tenemos para todos los gustos.

Si bien el deporte en general es usado por intereses de todo tipo (como los políticos), esto es algo esencialmente ajeno a lo que se produce en el espacio y tiempo donde se ejecuta el acto deportivo. Y el menosprecio con que algunos falsos intelectuales tratan de adornar su supuesta formación y buen gusto, en realidad demuestra todo lo contrario en ellos (comportarse así es algo tan pobre como denostar el trabajo de los pescadores artesanales solo para presumir de refinamiento).

Muchos poetas y artistas en general han producido loas a diversos deportes, épicas batallas deportivas o deportistas en particular. Y, según las reglas ahora vigentes en el arte, los trabajos audiovisuales que los registran bien podrían encajar ahí cuando han sido hechos con profesionalidad y destreza. Es decir, incluyo como parte de la producción artística a la grabación, edición y montaje de la 'performance' generada en un cuadrilátero, pista de hielo o campo de fútbol.

Por si quedan dudas, invito a ver la pelea de boxeo mencionada párrafos arriba (que era parte del llamado 'Woodstock Negro' realizado en Zaire, África, festival que se concibió como una reivindicación de los derechos y de la cultura negra estadounidense). Sí, hay violencia y todo ello, pero, al menos, es más justa que una corrida de toros, donde, supuestamente, el toro y su verdugo entran en conjunción para crear momentos estéticos que llevan a muchos de sus aficionados a considerarlo arte (obviando la carnicería). 

En el caso de la pelea de boxeo aludida, parafraseando a Ali antes de ella, Fraser fue el toro, y Ali, el torero que lo utilizó para crear momentos de belleza. Ali fue plenamente consciente de lo que iba a hacer aquella noche del 30 de octubre de 1974. ¿Surgirán algún día los discursos que eleven este registro a la categoría de arte? Por lo menos, desde mi modesto punto de vista, con el paso del tiempo, tiene muchas posibilidades; más que la Mierda de artista. Por lo menos...

Francisco Estrada, Barcelona, 17 de julio de 2012.

La dimensión del sonido en Israel Galván


El hombre que puede simular un sintetizador con sus pies en una noche de verano.
Considerado por la crítica especializada como un bailarín fundamental de la danza contemporánea, los irreverentes movimientos del sevillano no dejan espacio para el término medio en el espectador que, estupefacto, no atina a si debe odiarlo o adorarlo. Sin embargo, más allá de la subjetividad, está su depurada técnica del movimiento, que, al estar umbilicalmente relacionada con el flamenco (el taconeo), explora una dimensión inédita en la historia de la danza: la experimentación con las frecuencias de sonido.

Se dice que, una vez se logra la precisión con un instrumento musical, el último peldaño a superar hacia la perfección técnica es controlar la intensidad del sonido (su volumen). Ahí está gran parte del secreto para no terminar ofreciendo a los brazos de Morfeo a un público. Lo mismo sucede a nivel grupal con las orquestas. Y el fenómeno también actúa sobre los oradores: un discurso sin altibajos en la intensidad es el abono perfecto para que los ronquidos empiecen a florecer, por más interesante que sea el tema tratado para los presentes.

Sin embargo, hay un aspecto más allá de la intensidad para manipular en un instrumento musical: el timbre. Es decir, no se trata únicamente de aprender a ejecutar un sonido 'puro' sino de conseguir otros más. En estos tiempos, es un error común del aficionado creer que solo los sintetizadores electrónicos pueden explorar la dimensión tímbrica. Y si bien un músico profesional sabe de ello, últimamente, los adelantos tecnológicos han terminado eclipsando, entre los profanos, las infinitas posibilidades sonoras de los instrumentos tradicionales.

Mi primera experiencia al respecto fue en 1999 en Lima con el Trío Gótico, de Galicia, agrupación cultora de la guitarra clásica española (que no es lo mismo que el flamenco). Lo impresionante con ellos era constatar que no necesitaban pedaleras para explorar sonoridades. Por supuesto que, al ejecutar ellos piezas de guitarra clásica, no estoy refiriéndome a que distorsionaran el sonido, pero sí a otras cualidades que podían controlarse desde la guitarra acústica (como eliminar frecuencias graves o altas, simular 'reverbs', 'chorus' o hasta 'delays'). Ante aquella epifanía sónica, no tuve más remedio que acercármeles, y con satisfacción de su parte, el director del grupo, el gallego Ignacio López, me confirmó que esa era una de sus grandes preocupaciones: producir timbres con sus guitarras acústicas. Al respecto, la anécdota mayor es que esta característica fundamental del grupo no estaba reseñada en la programación ni en nota periodística alguna de la época.

Efectos más radicales (como la distorsión) pueden lograrse también en la guitarra acústica con artilugios tales como pedazos de papel, clips o ganchos de ropa correctamente colocados entre las cuerdas (tal como lo logra el fenomenal músico italiano radicado en Barcelona, Paolo Angeli). Y con otros instrumentos, como la voz y el violín, también es posible distorsionar naturalmente y jugar con los armónicos generados. 




'La Casa', vídeo que era parte de la muestra La ciutat buida (2006), 
presentada en la Fundación Tapies. 

Regresando a Israel
La noche del sábado 7 de julio, en el festival Dies de Dansa 2012, de Barcelona, los organizadores propusieron una noche flamenca, pero desde la perspectiva de la danza contemporánea. Las dos bailarinas que antecedieron al de Sevilla ofrecieron su particular atmósfera flamenca, aunque debido a sus interpretaciones llegué a pensar que los sonidistas del certamen habían hecho un pésimo trabajo de amplificación para sus taconeos (algo imperdonable en la península Ibérica). Las bailarinas no parecían llevar tacones sino pantuflas.

Cuando llegó el turno del dadaísta más flamenco (o al revés), su perturbadora figura entre la penumbra apareció no solo para ofrecer una de aquellas 'performance' que lo han convertido en una obra de arte en sí mismo (sin distinciones conceptuales ni físicas, Israel Galván es su propia obra de arte). Y en el trabajoso camino hacia ese objetivo, la meticulosidad del bailarín ha logrado explorar hasta límites insospechados las capacidades sonoras del taconeo flamenco. No es que él sea el primero en llevar a cabo esta gesta en el mundo del flamenco ni del tap dancing, pero con la minuciosidad que él trabaja el sonido, sí hay un elemento inédito; además de que su reputación artística permite reflexiones más serias sobre este tipo de experimentación.

No soy experto en taconeo, pero sí he vivido muy de cerca la cultura flamenca en mi hogar (con enfervorizados taconeos destruyendo el suelo de madera de mi casa todas las tardes y durante años). Así que algo sé. Dependiendo de la manera en que se golpee una superficie con unas botas de flamenco, se puede jugar no solo con el volumen sino con el sonido de éste.

Al respecto, hay dos partes fundamentales del zapato: la punta y el tacón. Por lo general, la punta es más apta para priorizar frecuencias altas y el tacón las bajas. Pero ello puede cambiar según el tiempo que el zapato permanezca en contacto con el suelo (un sonido puede ser más 'seco' o 'húmedo'; los equivalentes a las perillas de 'sustain', 'attack' y 'decay' en un sintetizador). Y también se puede taconear con ambas partes del zapato a la vez, ampliándose aun más las posibilidades (el equivalente a dos osciladores en un sintetizador).

Israel Galván tiene un gusto exquisito explorando los timbres de sus botas, abarcando con obsesión de loco (o de genio) el mayor espectro posible. Aquel sábado, él demostró que los sonidistas del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona sí habían hecho un buen trabajo, pero que hacía falta además  taconear bien para que se aprecien todas las posibilidades que unas botas pueden ofrecer. Y para potenciar más el efecto, Galván utilizó un artilugio tecnológico en cierta parte del escenario (atrás, a la derecha, desde el punto de vista del espectador).

Me acerqué a preguntarle al sonidista en qué consistía exactamente ese artilugio que se podía percibir claramente, y me explicó: “En una parte del escenario, él mandó poner unas pastillas debajo de las tablas que disparaban los bajos, pero en el resto del escenario, él mismo se las arreglaba”. Es decir, Galván había mandado colocar unos micrófonos (pastillas) que interrumpían la entrada de frecuencias altas y solo permitían entrar a las bajas, las que en la consola de sonido tenían un volumen superior (“disparar los bajos”).

Y, como dijo el sonidista, en el resto del escenario, Galván se las arreglaba para seguir ofreciendo nuevas sonoridades. ¡Hasta generó ruido 'blanco'! ¿Cómo? Arrastrando las suelas, colocando sus zapatos así o asá... A todo esto, no nos hemos referido a la riqueza rítmica de sus taconeos y, vagamente, hemos hecho mención a sus movimientos; ligados necesariamente a una filosofía, a una forma de ser, de ver el mundo (cuando un bailarín no tiene una filosofía sobre su danza, se le nota... y para mal). La experiencia Galván es total, y por lo tanto imposible de limitar. Escribir y reflexionar sobre su arte es garantía de largas discusiones. Aquí, abrimos una de tantas puertas dimensionales.

Francisco Estrada. Barcelona, 9 de julio de 2012.

Cuatro 'cruces' del Primavera Sound 2012


Las hamburguesas del Primavera Sound. (Foto: Judith Belmonte).
Una pequeña selección de los grupos que, inevitablemente (doscientos en tres días), se cruzaron en uno de los mejores festivales de música del mundo.

 1. Spiritualized-Wolves in The Throne Room
Si bien el universo que Jason Pierce dibuja en sus pentagramas es uno de drogas psicodélicas, éste es coloreado como una tortuosa, pero, a la vez, placentera vía hacia el Cielo. Y no cualquier cielo, pues Pierce se refiere al Paraíso de los cristianos. Es por ello que Spiritualized se suele regocijar con la estética sonora que alude directamente a la cristiandad moderna: desde los rasgueos típicos de misa dominguera en las guitarras hasta los sonidos de órganos de iglesia afroamericana (órganos de jazz, más no de grandes tubos barrocos europeos).

Aquella noche del jueves 31 de mayo, en el Fórum, el también llamado J. Spaceman, se hizo acompañar de dos cantantes negras muy bien nutridas, lo que elevó aún más espiritualmente su sonido. Fue bello, como diría mi mamá. Pero a la vez inmoral, como diría mi tía (las negras, de vez en cuando, tenían que taparse los oídos con los acoples de guitarra y ruidos que, adrede, surgían dentro del escenario). ¿Por qué no me quedé todo el concierto? Me moría de frío y debía regresar a casa... No sabía que correría tanto viento en la madrugada y había olvidado alguna prenda con la cual abrigarme.

Ya en el camino de regreso, pero aún dentro del Fórum, una amiga que me acompañaba me sugirió “ver” qué era lo que sonaba en el escenario ATP, y al asomarnos nos encontramos con Wolves in The Throne Room. Al principio, me descoloqué por completo, pues sabía que era un grupo de metal el que debía estar ahí, pero lo pillé en un momento en que, tranquilamente, podía ser My Bloody Valentine en un arrebato guitarrero de aquellos. ¡Juro que, en ese momento, yo estaba escuchando post rock de los noventa!

Y claro, no me cuadraba la guitarra de dos puntas, los pelos largos y dando vueltas como en el vídeo One, de Metallica, y esa alusión directa al misticismo del otro lado, que no es precisamente el del Cielo católico. Quedé tan fascinado por ellos como por Spiritualized, aunque en vez de mirar al Cielo, los 'lobos del trono' estuvieran apuntando hacia las profundidades (no puedo decir que hacia el Infierno, pues el lugar que ellos proponían era más bien fresquito y muy elegante... no como los churriguerescos cuadros con los que se suele representar el reino de las tinieblas).

La voz de Nathan Weaver era la típica del género: black metal puro. Un duende maligno cantando en medio de un mar de distorsión sincopada. Y el frío que se le colaba a uno por los poros (más allá de que la noche haya tenido baja temperatura) era por los aires escandinavos que los lobos del trono impregnaban a su música.

Anteriormente, ya había escuchado black metal en vivo en Perú, pero con un sonido penoso, la verdad. En cambio, en esta ocasión, poder escuchar black metal con un sonido que podía competir con el de cualquier megaestrella del pop, me permitió percibir adecuadamente su propuesta musical y sentirme turbado en el sentido de que, tal vez, por lo menos musicalmente, ambos caminos religiosos o místicos parecían conducir al mismo sitio... en caso se pueda llegar a estos lugares a través de la música. ¿Será que sí? ¿O pura paja mental? Ying-Yang, dirían en Oriente.

 Wolves in the Trone Room en el escenario ATP.

2. The Cure-M83
La experiencia The Cure en el Primavera Sound fue como la de hacer el amor con la persona que amas cuatro veces seguidas, pero sabiendo que tres veces seguidas ya te cuestan mucho... Es decir, ¿cómo negarse? Pero, a la vez, qué palizón, tío. No repetiré lo que se ha escrito en todas las crónicas (que el grupo liderado por Robert Smith sigue tan vigente y contundente como hace 30 años), pero sí ofreceré detalles superfluos, como el haberme sentido literalmente exprimido después de su recital. Tranquilamente, pudieron haberme sacado en camilla de ahí (estuve en segunda fila y, anteriormente, soplándome a Rufus Wainwright and his Band).

Si bien en el Primavera Sound los grupos no exceden la hora programada, los británicos la excedieron multiplicando por tres (200%, ¿no?). Lo agotador de su performance no solo se debió al tiempo transcurrido sino a una carrera musical repleta de picos altos, manteniendo a su público en un éxtasis de tres horas. Como detalle, basta con mencionar que me quedaron doliendo las mejillas de tanto haber estado sonriendo. Y que, a pesar de las más de dos horas de diferencia con el concierto de M83, The Cure terminó cruzando su programación con esta otra banda.

Los británicos parecían muy apurados por tocar la mayor cantidad de canciones posibles, aparte de los temas obligados (A Forest y compañía). Y si no estoy mal, su verdadero 'vacilón' consiste en tocar los temas que nunca les piden en los conciertos. Por ello, a veces salen sorpresas, como la de aquella canción que nunca pensé que podría experimentar en vivo, pues a pesar de ser una de mis preferidas, no recuerdo haberla visto en algún compilatorio de concierto de The Cure: Bananafishbones. ¡Soberbio! Con Robert Smith tocando esa armónica como enajenado, ya me sentía totalmente satisfecho... En resumen, un concierto con una estructura similar al Trilogy, pero aderezado con los temas que una ciudad como Barcelona requiere (según Robert, su ciudad preferida en Europa).

El quinto miembro de The Cure fue, en este ocasión, el gran Reeves Gabrels (ex Bowie). Robert Smith no podía dejar de sonreír cada vez que éste ejecutaba los solos de The Cure (Gabrels es, para muchos, uno de los más grandes improvisadores de la historia del rock, ubicado en un panteón junto al mismísimo Hendrix). El momento cumbre de Gabrels fue Wrong Number, solo de guitarra que él originalmente grabó para The Cure.

Cuando acabó el concierto, me fui de ahí arrastrando los pies y sintiéndome sin energía alguna, y muy miserable, hacia M83. Mis sentidos estaban realmente agotados, y por esa razón no puedo ofrecer una apreciación 'objetiva' sobre ellos. La verdad es que cualquier cosa que diga sobre los franceses puede estar condicionada por mi lamentable estado físico post-Cure.

Y es que, a pesar de que M83 fue muy alabado tanto en la prensa como dentro del mismo festival, lo que yo sentí fue un sonido 'grabado' sin los altibajos y el brillo propios de un sonido en vivo... Los franceses tocaron con músicos de carne y hueso, pero no entiendo por qué sonaron como 'playback'. Le pregunté sobre ello a una amiga, y me dijo que sintió lo mismo: parecía que habían apretado 'play' y ya está.

Supongo que esto se debió a que, en su consola de sonido, prefirieron un sonido que imitara al máximo la propuesta del disco... Utilizando unos compresores que terminaron uniformando los instrumentos hasta dejarlos prácticamente planos (o “perfectos”, según el criterio del sonidista en cuestión). Lo mismo le pasó al otro día a Neon Indian, que, en su caso, sí provocó cuestionamientos desde la platea (muy fresa su performance, además). Mención aparte para las luces de M83: las más espectaculares del festival, pero rozando la estética Walt Disney World. O sea, no me gustó. Pero ojo, yo estaba muy deteriorado físicamente, así que cualquier percepción mía pudo haber estado condicionada por ello.

 Jason Pierce embelleciendo aun más la primavera.

3. Main-The Rapture
Tenía mucho interés en escuchar a Main por los pergaminos de sus integrantes y las pocas grabaciones que había escuchado de ellos y porque, si bien The Rapture se presentaba a la vez, los últimos trabajos de los estadounidenses me parecían carentes de brújula (sin poder 'chuntarla' como en sus primeros discos).

Por ello, me dirigí al escenario ATP, donde Main decidió ofrecer un trabajo inédito con sus sintetizadores. La intención fue de lujo, la verdad. Así que, armados de sintetizadores virtuales (es decir, en las pantallas de sus portátiles) y una miniconsola (o sintetizador, no pude ver bien) para cada uno, se lanzaron al ruedo.

El reto no fue poca cosa, pues los señores decidieron pasar por completo de una de las características fundamentales del sonido: la duración (el tiempo). Y en reducir a lo mínimo (hasta hacerla ya demasiado sutil) la intervención de otra característica básica: el tono. Así que, colocando por encima de todo al timbre y la intensidad como ingredientes principales de la sesión, comenzaron a ofrecer su muy particular versión de la música (no son los únicos en el mundo en hacer eso, pero en el Primavera Sound, tal vez sí lo fueron).

Para quienes no dominan mucho de teoría musical, explicaré un poco mejor la intención de Main. Es como si, aquella noche, John Coltrane hubiera decidido soplar ininterrumpidamente con su saxo sin pausas ni silencios: “tuuuuuuuuuuuuuu”. Así, sin parar durante toda la noche, y que su única preocupación haya sido en cómo sacarle sonidos (timbres) a su saxo. Y de vez en cuando (solo de vez en cuando), jugar con la intensidad (volumen) de su saxo.

¿Cuánto tiempo creen que el gran Coltrane hubiera podido durar en esa faena sin aburrir a su público? Pues muy poco. Aunque, claro, como en la viña del señor hay de todo, no hubieran faltado los más hinchas de Coltrane (por definición, a los que paradójicamente menos les interesa la música sino la pose), que habrían aguantado semejante plomazo. Como es de suponer, Main no salió musicalmente airoso del reto, pues a los pocos minutos empezó a repetirse y repetirse... ¡Y no tenía opción! Supongo que, para darle unidad a su propuesta y no terminar haciendo una presentación 'comercial' de sus sintetizadores, no quiso permitirse salir de un rango de timbres específico. Mención aparte: su diseño de luces fue el mejor del festival. Tal vez en la segunda mitad del concierto todo cambió... Algo que seguro dirán los cuatro gatos que se quedaron ahí (ya, cuñao).

Por eso me fui a escuchar a The Rapture, que estaba en plena House of Jealous Lovers, y recordé aquella frase de “pasar de ver pelis porno a tener novia”. No había duda: Main era para empollones (o gente “exquisita”, aunque ya demasiado exquisita, pues). The Rapture, en cambio, era más para quienes, de vez en cuando, les gusta sacar los ojos de la pantalla del ordenador (o del libro) y mover el culo con buena música. Y no solo con buena música sino mejor, así los muy bailables Rapture sean más 'convecionales', pues teniendo como referencia únicamente al sonido, había mucha más riqueza generándose en los altavoces de los estadounidenses que en los de los británicos.

4. Hype Williams-Godflesh
No pensaba ver a Godflesh, aunque me causaba curiosidad. La propuesta de Hype Williams era, para mi gusto, mucho más interesante. Sin embargo, cuando llegué al escenario en cuestión, el sonido era de cassette (sí, ese sonido que 'taaanto' me gusta) y como para cassettes no hay mejor sonido que el generado por mi equipo de sonido, quise irme apenas llegué. Todo ello aumentado por unas amigas que me encontré y que querían ir a ver a Godflesh... donde también apenas aguantamos un par de canciones (después de tres días de conciertos, había ciertas propuestas que, francamente, no eran físicamente soportables).

Godflesh, exponentes del metal contundente y 100% masculino, era demasiado para unos sentidos seriamente deteriorados. Así que salimos a tomar unas cervezas para recuperar energías y volver al Fórum. Y la historia continuó, pero sin más cruces... Esperando a que amaneciera. Algunos lo lograron... Yo no pude.

Y dos observaciones
1. Si quieres estar 'hot' este verano y vives en Barcelona, debes usar mini-shorcitos de jean y botas de cuero con tacones hasta los tobillos. Y las piernas bronceadas, por favor. 

2. ¿Quién le dijo a la mayoría de los sonidistas del escenario Vice que romper tímpanos era un mérito?

Francisco Estrada. Barcelona, 4 de junio de 2012.

Mi horario en el Primavera Sound 2012

Tranquilo, Lee, te veré completo y sin angustias.
La última vez que tuve la infausta idea de seguir a la peña en un Primavera Sound (el del año pasado, en 2011), vimos tres grupos en solo hora y media... ¡Qué asco!

Obviamente, no vimos cómo empezaba ni terminaba ningún concierto... Además que dos de ellos los vimos desde la distancia del gallinero. Así que lección aprendida: en los festivales me muevo solo. ¡A la peña dile no! Total, para quedar, hay más de 300 días en el año, y puede ser en la playa, en el campo... ¿Pero para elegir juntos qué conciertos ver? Lo siento, eso no puedo.

Y si por ahí alguien quiere encontrarse conmigo (cosa que no creo), pues aquí le dejo mi horario. Ojo: estaré en primera fila. Y si no, igual lo habré intentado con todas mis fuerzas de boxeador latino frustrado. Algunas cosas se cruzan en este horario, pero decidiré en el momento. También es muy probable que no escuche a I Break Horses, pues me seduce la idea de esperar a The Cure con tres horas de anticipación (botellitas de agua y bocadillo de atún escondidos en mi entrepierna). Por último, un detalle íntimo del festival: recibiré mi cumpleaños escuchando a Hype Williams... De todas formas, no será la celebración oficial... Así que si me quieren dejar solo, ya saben que igual seré feliz. ¡Ah! Y no es que no los quiera... es que quiero escuchar música, y bien.

Ahora sí podré verlos con buen rollito.

Apreciaciones al vuelo sobre “Le débat” Sarkozy-Hollande


Imagen del blog L'Express.
En el debate transmitido ayer por la televisión francesa, fueron muchos los datos técnicos que ya habán sido expuestos y debatidos hasta el hartazgo. Por ello, la novedad era la forma en que estos iban a ser presentados. Aquí, un resumen muy superficial (es decir, lo más importante) del duelo entre Nicolas Sarkozy y Françoise Hollande por la presidencia de la quinta economía del mundo.

Luces, cámaras... ¡Acción!
La luz escénica y el maquillaje terminaron mostrando a un Sarkozy amarillento (viejo, cansado, estresado) frente a un Hollande de mejillas rosadas (vital, fresco, alegre). Dado que ambos poseen un color de piel parecido, más allá de los matices propios de cada quién, resulta obvio que los encargados de la imagen del aún presidente francés fallaron estrepitosamente en ese aspecto; a menos de que en el plató de televisión alguien haya, tendenciosamente, colocado una gelatina amarilla sobre la luz principal de Sarkozy. Por momentos, el 'Kärcher' parecía un muerto.

El desplazamiento escénico de Sarkozy, siempre grandilocuente y con su típico tic nervioso (ese movimiento de cobra donde parece que se está acomodando la corbata... pero sin usar las manos), contrastó enormemente con un Hollande que se mantuvo prácticamente estático desde el cuello hasta los pies. Con el mentón en alto y el vientre bien pegado a la mesa, Hollande miraba de arriba hacia abajo a su oponente, quien con la cabeza hundidad entre los hombros y bien alejado de la mesa, observaba a aquella esfinge que, con ferocidad y economía de movimientos, le mostraba los dientes cada vez que discutía con él.

¿Una rápida lectura del uso del cuerpo? Un Sarkozy errático y perdiendo la brújula (lo que él antes le reprochó a Ségolène Royale en el debate presidencial entre ambos), y, por otro lado, un Hollande con total control de sí mismo que, al dejar su cuerpo estático, dio la impresión de ser una fortaleza inexpugnable que lanzaba fulminantes piedras a su desesperado contrincante.

Personalmente, por mi desconocimiento de Hollande como polemista (pues solo lo he visto en fotos... y con el apodo de 'Flamby', o sea 'Flancito'), me sorprendió verlo actuar con tanta ferocidad frente a quien, se supone, iba a ser el chico malo de la noche (el 'Kärcher'). Por ello mismo, no puedo saber si Sarkozy también estaba desconcertado con la agresividad de su rival.

La jugada de ajedrez (o de laboratorio, como se dice en el fútbol) la presenciamos al final, cuando Sarkozy le quiso echar en cara a Hollande la conducta sexual del 'socialista' Dominique Strauss-Kahn. Aquel era un dardo previsible, y en los gabinetes de comunicación siempre se barajan aquellos dardos y su eventual respuesta.

Sarkozy, al final del debate, sabía que ya no tenía nada que perder (estaba claro que había sido vapuleado en la mayor parte del encuentro), así que se arriesgó (imposible que un político tan curtido como Sarkozy no previera que su rival tenía una respuesta para ese eventual ataque).

¿Qué le respondió Hollande? Con gesto compungido y, moviendo la cabeza con reprobación, dijo en tono ofendido: “me temía que, en algún momento, usted mencionaría eso”, dando a entender como segunda lectura “de usted me podía esperar cualquier bajeza”. Acto seguido, abrió los ojos con una sonrisa maliciosa y le espetó a Sarkozy: “Yo no conocía su vida privada (la de Strauss-Kahn). ¿La conocía usted? ¿Investiga usted la vida privada de sus colaboradores? Yo no. Usted lo apoyó para dirigir el FMI". Sarkozy agachó la cabeza, entrándole un sable imaginario por la nuca al haber tratado de embestir por última vez a quien lo estuvo toreando durante todo el debate. Desde aquel momento, los televidentes supimos que la República Francesa ya tenía nuevo presidente.

Francisco Estrada. Barcelona, 3 de mayo de 2012.






La crisis y Star Wars

Costo de la Estrella de la Muerte: $852.000.000.000.000, 
el equivalente a 13.000 veces el PBI del mundo (Universidad de Leghih).
Últimamente, se escribe mucho sobre la 'fatídica' etapa Reagan-Thatcher, donde, al parecer, se gestaron todos nuestros males; aquellos que al día de hoy han puesto en jaque al sistema capitalista tal como lo conocemos. Sin embargo, cada uno de los textos y documentales sobre el tema que han llegado a mis manos tratan a sus protagonistas como seres ideologizados hasta un extremo deshumanizante. Es decir, sin voluntad propia y simplemente aceptando paradigmas así por que sí.

Creo que el extremismo o el fanatismo, con respecto a cualquier religión o ideología, deshumaniza y acerca a las personas, como especie, a las vacas. Y tanto Ronald Reagan como Margaret Thatcher no me parecen precisamente los mejores ejemplos bovinos sino todo lo contrario: ellos más bien se asemejan a pastores capaces de conducir inmensos rebaños. Al respecto, la historia está repleta de situaciones en que, cuando los líderes 'extremistas' encontraban que sus principios eran un estorbo para sus fines inmediatos, pues los cambiaban o 'interpretaban'.

¿Pero por qué tanto el 'cowboy' como la fría dama inglesa, en teoría, sentaron las bases para el colapso actual? ¿No intuían el monstruo que estaban engendrando? Creo firmemente que, por lo menos del lado de Reagan, éste pertenecía a aquella casta en extinción de líderes que amaban a sus países. ¿Entonces, qué pasó?

Reagan, el hombre bueno
El ex actor de Hollywood, en sus años mozos, no tuvo reparos en señalar con el dedo a sus colegas de profesión en la famosa cacería de brujas que durante el macartismo se llevó contra quienes fueran sospechosos de ser comunistas. Para personas vulgares y silvestres, de espíritu campesino como Ronald Reagan, 'comunista' era sinónimo de 'malvado'. Y convencido o no de aquello, fue lo que repitió hasta que se retractó en 1988 en la Plaza Roja de Moscú, invitado por su par Mijaíl Gorvachov (antes, Reagan utilizaba todos los sinónimos posibles para equiparar a la Unión Soviética con Satanás, pero cuando tuvo la oportunidad de negociar con el supuesto reino de las tinieblas, no lo dudó un solo instante).

El Reagan presidente, cuando llegó al poder en 1980, tenía a la antagónica superpotencia, la U.R.S.S., en una situación ambigua: los 'rojos' poseían el ejército más letal del planeta, pero con una galopante pobreza entre sus habitantes, para quienes ya se estaba haciendo dificultoso el simple hecho de conseguir comida. Ronald Reagan y todos los políticos estadounidenses sabían que el imperio soviético terminaría haciendo agua de alguna manera.

El equilibrio estratégico era, literalmente, una bomba de tiempo.
Mijaíl Gorvachov, visto por la historia oficial como un hombre de espíritu abierto a los cambios, más que ello, no tenía más opciones que buscar alternativas para intentar sacar a flote a la superpotencia que dirigía. Su primer objetivo se caía de maduro: reducir el presupuesto militar. La población soviética veía peligrar sus necesidades básicas, y cuando el estómago suena, la revolución empieza el repicar de campanas.

Las cartas estaban echadas sobre la mesa cuando ambos líderes se reunieron entre 1985 y 1988. En el caso de Estados Unidos, éste poseía un 'as' bajo la manga que colocaba a la U.R.S.S. muy por debajo en las negociaciones: la Guerra de las Galaxias de Reagan. Aquel programa militar que desangraba el presupuesto estadounidense fue la estocada final para los soviéticos.

Decía Leslie H. Gelb, ayudante del secretario de Estado de EE.UU., que cuando se reunió a inicios de los años ochenta con Nikolai Ogarkovjefe del Alto Estado Mayor soviético, que los comunistas estaban impresionados con que, en EE.UU., un niño de tres años ya estaba maniobrando ordenadores mientras a un soldado ruso adulto había que adiestrarlo durante años para que medianamente supiera manejarlos. Ronald Reagan fue capaz de llevar la Guerra Fría en un nivel donde la tecnología informática y espacial empezaron a cobrar un protagonismo que, definitivamente, la U.R.S.S. no podía equiparar ni de lejos. Ello, por una cuestión de presupuesto, básicamente.

Los esfuerzos desesperados con que Gorvachov intentó que Reagan desistiera de su plan espacial siempre cayeron en saco roto, pues el estadounidense sabía que esa era la razón por la cual el soviético estaba en inferioridad de condiciones para negociar con él, más allá de aspirar o no a la paz mundial. A la sazón, Margaret Thatcher, que se oponía a la Guerra de las Galaxias (presuntamente porque era una firme defensora del equilibrio estratégico nuclear según se comentaba en la época, aunque ahora más creamos que haya sido porque no quería ver caer en la ruina a su principal aliado), cambió rápidamente de parecer cuando el consejero de Seguridad Nacional de EE.UU., Robert McFarlane, le aseguró a inicios de los años ochenta que EE.UU. subcontraría decenas de empresas británicas para la gran batalla de las estrellas, invirtiendo miles de millones de dólares. 

Deuda estadounidense: observar el quiebre de 1980 (en rojo), 
cuando Ronald Reagan llegó al poder.

Es decir, en caso la Dama de Hierro haya sido, como se decía, una acólita del armamento nuclear, no tuvo reparos en redirigir sus creencias por cuestiones económicas. Según algunos economistas visionarios de la época (keynesianos o no), esta Guerra de las Galaxias podía llevar a EE.UU. hacia un camino sin retorno, pues la única manera de financiarla era ampliando desmesuradamente el techo de deuda del país, con todas las medidas colaterales que ello implicaba desde las teorías de Milton Friedman.

Sí, Ronald Reagan logró su objetivo: destruyó la U.R.S.S., pero falta saber si esa destrucción iniciada hace treinta años en Europa del Este y ahora totalmente extendida en Europa Occidental y en el mismo territorio norteamericano puede terminar consumándose en los próximos años como un búmeran. El poder que hoy tienen los grandes banqueros y especuladores es infinitamente mayor del que poseían a principios de los años ochenta (de hecho, las políticas que los beneficiarían tardaron mucho tiempo en poder ejecutarse hasta encontrar el contexto adecuado).Y no sé si es impresión mía, pero creo que políticos como Barak Obama saben qué se debe hacer en estos momentos, pero a la vez se sienten atados de manos (a diferencia de otros como Mariano Rajoy, cuyos espíritus no son de líderes sino de diligentes empleados). 

¿Se podrá dar marcha atrás? ¿Ya es demasiado tarde? Las actuales desregulaciones bancarias, bajos impuestos a las grandes fortunas, deudas astronómicas y demás herramientas se asemejan a las extremidades de una gran bestia de siete cabezas desesperada; arrojando llamaradas y golpeando a todo lo que se le pone enfrente. ¿Será ello suficiente para que la bestia sobreviva? Ya no hay una Unión Soviética a la cual enfrentarse con una 'Star Wars'. ¿Qué será lo siguiente para seguir justificando medidas que ya han demostrado su fracaso en la práctica? Los más avezados hablan de una invasión extraterrestre; otros, de una guerra más; el resto, de más represión por parte de las fuerzas de los estados. Veremos. 

Francisco Estrada. Barcelona, 29 de febrero de 2012. 

Megaupload, el boxeo y el arte

Has anybody seen my baby?
Desde hace poco antes del cierre de Megaupload y el consiguiente deterioro de Cuevana, no he tenido más remedio que recurrir a Youtube en aquellos momentos que la lectura profunda me es imposible: después de comer o antes de ir a dormir de noche. Ver alguna película buena, regular o mala era mi anterior opción en aquellos casos.

¿Y qué se me ocurrió que podía ver sin que me importara mucho la calidad de la imagen? Peleas de boxeo. Ahora estoy explorando las grandes batallas de la década de los noventa, y me impresiona todo lo espectacular que había dejado de lado por haberme dedicado a otras actividades.

Mientras veo esas imágenes de guantes y sudor, la verdad es que la paso bien. La única vez que me puse mal fue cuando vi al californiano Óscar de la Hoya maltratando al boxeador español Javier Castillejo. Un quillo total el madrileño, ¡pero le agarré estima por el simple hecho de ser español!

Regreso: la paso bien con todo lo cuestionable que pueda ser este “deporte”. Entrecomillo esta palabra porque el boxeo, justamente por su alto nivel de violencia, está más cerca del ritual en su faceta de sacrificio humano, que de la definición moderna de esta palabra: es decir, la actividad física que, de una u otra forma, comporta beneficios para la salud (las asociaciones médicas de Estados Unidos, Reino Unido y Australia, entre otras, claman por su prohibición).

¿Pero por qué la paso bien observando peleas? Porque me divierte, básicamente. Este goce, no solo en mi caso sino de manera más popular de lo que pueda creerse, está anclado en una experiencia estética. El ojo educado del fanático al boxeo puede percibir infinidad de detalles que van más allá del simple 'golpe y nocáut'. El desplazamiento de los cuerpos en el ring, el trabajo que se hace con los pies, los movimientos de torso y cuello alcanzan tintes ya no solo estéticos sino dramáticos, al exponerse muchas veces la salud y hasta la vida, según qué combates.

Luego, poder apreciar la estrategia a largo plazo del peleador para plantear los encuentros y, además, cómo sale éste de los problemas imprevistos (esa inteligencia que algunos neurólogos contemporáneos, a pesar de ocurrir en fracciones de segundo, califican como pensamiento y no como instinto), generan una especie de identificación en el observador cuando es reconocida. Y, claro, hay morbo, pero como es esto de lo que más se habla o lee en contra del boxeo, lo dejo de lado para no repetir lo escrito mil veces (por lo menos, más que su defensa). 

¿Pero y cuál es la principal diferencia entre películas y boxeo? ¿La carga ritual, el nivel de realidad o el morbo? Sí a todo ello, pero para mí hay algo más importante: una vez que acabo de ver una película, ésta me deja algo. La película no se acaba ahí nomás sino que sus efectos en mi cerebro han generado nuevos espacios de pensamiento. Nuevas vías que me conducen luego a otros mundos, situaciones que antes no me había planteado y que fueron estimuladas por el cine. Esto, en un plano muy narrativo (lo mismo me sucede con la literatura), pero también puede aplicarse en las artes o propuestas que tienen en el gesto o el abstraccionismo su punto de partida. 



Christoph Eschenbach.
Vamos al ejemplo más universal: el de la música. El pintor Wassily Kandinsky, en su libro De los espiritual en el arte (1911), puso como ejemplo supremo a la música, el primer arte que, según él, había alcanzado la abstracción, pues cuando el ser humano utilizó por primera vez únicamente el espectro de notas, se desmarcó por completo de la representación de la naturaleza. Según él, la pintura de su tiempo tenía la misión de explorar en esa dirección.

Siguiendo con el ejemplo de la música, ¿cómo quedarse con 'algo' de ella una vez que ésta deja de sonar? ¿Qué nuevos horizontes puede abrir en el pensamiento cuando no hay un texto que la acompañe y pueda así conducir hacia otras dimensiones a través del lenguaje? Se podría decir que, en el inconsciente, ésta deja causes nuevos en el cerebro que van más allá del simple goce inmediato. 

Y si bien numerosos estudios y experiencias atribuyen propiedades curativas a la música (lo que significaría que, en efecto, el inconsciente percibe y construye en el cerebro nuevas vías), creo que estos experimentos también podrían arrojar resultados terapéuticos para quienes se exponen habitualmente a partidos de fútbol (¿cuántas depresiones, cuando no suicidios o actitudes violentas son sublimadas frente a un césped verde por la gente que pretende ser de bien?).

Debido a ello, el asunto estaría más supeditado a un nivel de instrucción del receptor, lo cual facilitaría generar las 'nuevas vías' que las artes más gestuales y alejadas del contenido podrían producir en la mente. En el caso de la música, haría falta un mínimo conocimiento de teoría musical. Ser sorprendido por una síncopa, desentrañar el misterio que hay entre un acorde previo y uno siguiente, y reflexionar sobre ello es análogo a la capacidad de apreciar un trazo inusual que, tanto en la música como en la pintura, están supeditados no solo a la posesión de un marco teórico sino al conocimiento de la historia de esa disciplina (historia que luego genera una narrativa así se trate de una coreografía de Merce Cunningham). 

Y todo ello sin mencionar elementos como la combinación de ritmos, géneros o aplicación de nuevas tecnologías. Creo que un artista plástico me entendería si éste recordara la sensación que se llevó a la cama después de ver 'esa' exposición; lo mismo un bailarín después de ver 'aquella' función o músico conmocionado después de 'ese' concierto.

Visto así, el boxeo, en un plano estético e histórico, podría ser apreciado como cualquiera de estas artes más gestuales... pero la realidad es que todas estas posibilidades estéticas en éste y otros deportes siempre me llevan hacia un callejón sin salida. Es decir, puedo gozarlos en el momento, pero luego me dejan un vacío. ¿Por qué? Puede que todo ello se deba a una especie de moral artificial que considera a las artes como algo superior al deporte, lo cual sería el origen de mi desazón, pero si no fuera así, si en realidad el arte tuviera algo más que el deporte no posee, creo poder enumerar algunos motivos para creer en esta segunda opción. 



No es un artista, pero...
Si bien respeto y amo el deporte, a diferencia de las artes, no puedo encontrar en él los gérmenes que inciten a nuevas vías de pensamiento que, por alguna razón, las pueda relacionar con los grandes movimientos históricos. La simple ejecución del deporte es prácticamente una roca inmune a los acontecimientos sociales, pues su forma, a nivel individual, no depende del devenir histórico ni representa épocas. El ejemplo más notorio son los cien metros planos, donde los atletas prácticamente hacen lo mismo que hace cincuenta años. Cambia la tecnología (drogas, vestuario) y los registros, pero el cuerpo se sigue moviendo igual.

El deporte no abre nuevas vías de pensamiento que puedan ser relacionadas con lo colectivo o histórico (gritar “gol” está demostrado que no hace a una nación, por ejemplo). Al contrario, muchas veces, esa cualidad hierática del deporte es usada para dejar las cosas tal cual están, aunque de ello tampoco se escapa la música según los usos de cada quién... pero, claro, hay música más proclive que otra hacia esos fines.

¿Una excepción en el deporte? Sí la hay: Muhammad Ali, ferviente activista político que hizo del mundo entero un ring de boxeo (no por algo es considerado el más grande atleta del siglo XX). Con su estilo, Ali rompió los moldes ortodoxos del boxeo, en el mismo momento que en la sociedad estadounidense se rompían moldes en los años sesenta. Muhammad solo hay uno, pero directores de cine con radares que capten las señales de los tiempos y las plasmen en sus obras, los hay muchos.

Por ello, necesito urgentemente volver a ver algo de cine, y dejar mis contemplaciones deportivas para los fines de semana. Si ello no ocurriera pronto, siento que terminaría volviéndome una estatua de sal... A todo esto, y con ánimo puramente autodestructivo con respecto a todo lo que he escrito: ¿Serán los estrategas como Guardiola o Bilardo, por citar solo un par, comparables a los directores de cine? ¿Representarán sus planteamientos en el campo los procesos históricos que vivimos? Pido tiempo...

Francisco Estrada. Barcelona, 13 de febrero de 2012.