Armas, armas y armas en Libia... ¿Y la comida?

Sin un buen rancho, cualquier tropa pierde hasta la puntería.
Observando el mapa, Libia está al lado... y yo, supuestamente, soy periodista. Haciendo una comparación, creo que igual de impotente me hubiera sentido durante la caída del Muro de Berlín si es que, como ahora, contara con residencia europea. Y en estos días, España, que algunos nórdicos envidiosos de calor ubican en África (por estar debajo de los Pirineos), queda a un salto del país más explosivo del planeta en la actualidad.

Vamos, que no se puede estar en todas, pero desde que un reportero gráfico me propuso ir en plan ‘freelance’, la envidia con respecto a mis colegas en terreno no ha hecho más que crecer día a día. En mi caso, más que miedo por el loco Gadafi (“os mataré como a ratas”), es la falta de tiempo la que no me deja salir de Barcelona. Así que no me ha quedado más remedio que leer y leer sobre el tema durante varios días… hasta que, por fin, pude descubrir un factor que todos los periodistas están dejando de lado en este conflicto. Algo que me daría 'autoridad' para escribir sin ser corresponsal ni 'especialista' en Medio Oriente.

El detalle
Resulta que, tanto en las crónicas de guerra y los artículos de opinión, se hace especial énfasis en el poderío militar que Gadafi ha logrado atrincherar en Trípoli. Dicen que él, hábilmente, debilitó al Ejército libio para asegurarse de que éste no la tuviera fácil en caso decidiera expectorarlo algún día.

Y según analizan, el plan del 'loco' va funcionando: los militares desertores no pueden entrar a Trípoli, pues miles de mercenarios sudsaharianos se encuentran armados con el mejor equipo de guerra disponible para proteger al extravagante dictador. Y dispuestos a disparar a cualquier cosa que se mueva. Los ‘especialistas’ dicen, además, que mientras Gadafi controle Trípoli, todo será manejable para él.

Sin embargo, basado en dos batallas históricas que tengo muy presentes, aquello de la “Zona de exclusión aérea” debería tener como objetivo no solo detener los bombardeos de Gadafi a sus sublevados compatriotas. Lo que también se debería evitar es algo igual de importante y que podría llevar a una solución pacífica del conflicto: que en Trípoli tengan comida. Y, a la vez, asegurarse el abastecimiento 'humanitario' en el resto del país.

Destrucción del Templo de Jerusalén, de Francesco Hayez.
Como se sabe, en el famoso Sitio de Jerusalén (70 D.C.), una vez que los romanos rodearon la amurallada ciudad, permitieron que mucha gente entrara, para luego no dejarlos salir. La idea era que las provisiones se acabaran lo más pronto posible, lo cual debilitaría a los bravos guerreros judíos, quienes en el cuerpo a cuerpo tenían a los romanos como a hijos. Es por eso que el futuro emperador Tito tuvo que presentarse ahí con varias legiones, para compensar con cantidad lo que sus soldados no tenían de convicción o de fanatismo (aquello de luchar creyendo que Dios está de tu lado funciona).

El plan de los romanos iba causando malestares a medias, pues los hijos de Abraham tenían, supongo (o creo haber leído), túneles secretos que les permitía ir en busca de pequeñas provisiones. A todo esto, también me parece haber escuchado en una conversación, de hace muchos años, que los judíos lograron retrasar la intervención militar metiendo a escondidas en el pienso de los animales traídos por los romanos algunos productos que les produjeran malestar estomacal. Como los romanos no tenían Google Maps, tenían que ‘leer’ las vísceras de los animales para saber cuándo era bueno atacar. Si al despellejar una bestia, veían en vez de tripas una chanfainita, pues se quedaban quietos.

Para cuando los romanos se habían dado cuenta de los trucos de los judíos, habían pasado algunos meses. Y en el mismo momento del asalto final, la resistencia del pueblo judío estaba ya muy disminuida porque la comida no abundaba precisamente. Inclusive, me atrevería a aventurar que algunos judíos podrían haber deseado secretamente que, por fin, entren los romanos y se acabe con tanta escasez (con la esperanza de no haber pasado antes por una intervención quirúrgica a la romana, claro está).

Un dato: los soldados judíos se encerraron en el Templo Sagrado durante la emboscada final romana… La gente del pueblo, presumo, no tuvo muchas ganas de intervenir. Digo algunas de estas cosas basado en el sentido común y no en los informes de Flavio Josefo, que me parece el historiador menos fiable de la historia (valga la redundancia).

Hasta aquí, este es el primer paralelismo interesante que se puede hacer con respecto a batallas pasadas, y así poder ver más factores que el simple “él la tiene más grande, entonces no le pueden pegar”.

Muchos años después, muchos kilómetros más allá.


La Torre del Rey: una fortaleza dentro de la fortaleza.
Otra batalla o “sitio” fue el que sufrió en 1826 la fortaleza del Real Felipe en el puerto del Callao, en el Perú. Aquel baluarte goza con la reputación de nunca haber podido ser asaltado. Su excelente diseño militar (encargado a un especialista francés del siglo XVIII más otros coleguillas españoles) no solo le permitió repeler fácilmente los ataques de piratas y corsarios en las frías aguas del Pacífico sino que, cuando el general San Martín quiso desembarcar en el Perú para declararlo “libre e independiente”, no pudo hacerlo en el Callao. Unos cuantos cañonazos y el libertador argentino tuvo que desviarse a Pisco para desembarcar.

Aquello no solo le pasó a San Martín sino que el mismo Bolívar no pudo sacar de ahí, años después, a las tropas realistas que se habían atrincherado. Al igual que Gadafi, el comandante en jefe de la fortaleza, José Ramón Rodil, tenía bajo su mando a la crema y nata de los soldados españoles en América más el mejor arsenal disponible. Además, había en el fortín un estanque de agua que podía abastecer a miles de soldados durante dos meses, mínimo. El problema es que muchos civiles pro realistas se refugiaron también en el San Felipe y la comida empezó a escasear: “Cuando hasta la carne de ratas se les acabó”, los militares españoles tuvieron que pedir una negociación que les permitiera zarpar rumbo a la Madre Patria a comer jamón de pata negra y ya no hamsters de cola larga.

¿Que Gadafi debe tener provisiones? Sí, pero los residentes en Trípoli y que tal vez aún lo apoyan, cuando empiecen a sentir hambre, se encargarán ellos mismos de sacarlo. Por algo es que Gadafi quiere negociar (o mejor dicho, comprar)... Si solo le bastara con tener el control de las mejores armas, pues no estaría buscando otras soluciones distintas a las bélicas. El 'loco' sabe que toda revolución se aplaca con los estómagos llenos... Y que si le cortaran el grifo a sus seguidores (incluyendo otros servicios básicos), de ahí saldría linchado*.

*Hasta el momento en que se terminó de redactar este artículo (5 de marzo de 2011), no se pudo encontrar en la red (elpais.com y bbc.com, entre otras webs informativas) una noticia o análisis sobre el abastecimiento de comida del Ejército libio fiel a Muamar Gadafi... Aunque igual, hay que confesarlo, no se buscó taaanto. Del mismo modo, el régimen del excéntrico coronel se mantenía aparentemente fuerte en la capital (según los reportes de las agencias).

Francisco Estrada (Barcelona, 7 de marzo de 2011).

7 comentarios:

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=pmyPQr_xZN4

francisco estrada dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=WJ3Rcw0Xq4M

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=IMiPSf2QNZ8

francisco estrada dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=4h0OYQnD9_w

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=lJXTyQOKpEk

francisco estrada dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=UILQU0VEWII

Anónimo dijo...

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