Rita, su Papi y la tensión sexual

La artista Rita Indiana estuvo en Barcelona hace un mes como parte del festival musical Bam, de las Fiestas de la Mercé, pero también para presentar su libro Papi... He aquí una crónica de mi encuentro con ella.

Me propuso usar su brazo para la foto 
(por ser más largo que el mío)

No esperé sentado a que Rita Indiana entrara al salón del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), donde ella presentaría su novela Papi. Me puse de pie y cerca de la puerta, para comprobar por mí mismo aquella sensación de pequeñez que muchos hombres han sentido a su lado, según he leído. Y sí, era altísima, pero tanta expectativa por sentirme un enano evitó que me sintiera así. Más bien, me sorprendió que no caminara con cadencia 'hiphopera' y envuelta en un chándal con capucha. Al contrario, vestía una sobria camisa blanca, vaqueros normalitos y gafas de pasta, a tono con el rol de escritora que le correspondía en ese momento.

Nacida hace 34 años en Santo Domingo, primero escritora y luego cantante, Rita se ha hecho mundialmente conocida más por interpretar merengues que por sus libros... Esta difusión se ha hecho principalmente a través del Youtube, porque, a diferencia de músicos como Juan Luis Guerra o Wilfrido Vargas, su propuesta musical raya en la estridencia. Los omnipresentes 40 Principales de la península no son canal para su música; más sí algunos blogs especializados o el 'boca a boca' de los modernos.

La estridencia musical de Rita es la simple continuidad de ella misma: 1.90 de estatura, estética masculina, dominicana, culta y pija. Así es como la percibí desde que por primera vez la vi y escuché online hace algunos años. Por su novedosa fusión musical (electrónica y folclor dominicano) y su estética visual, me la introdujeron como la nueva vanguardia caribeña, pero de sus libros nunca me dijeron nada.

Y es esa ignorancia compartida con respecto a su literatura la que motivó que en la presentación del CCCB alguien le preguntara 'osadamente' por qué había incursionado en la literatura, que eso podía verse “sospechoso”. Rita, aparentemente resignada ante ese tipo de interpelaciones, simplemente contestó que, antes de ser cantante, su obra literaria ya era estudiada en “Harvard, Cornell y la New York Univesity”. El mismo CCCB puso su granito de arena en aquello de alargar aun más la sombra de la música de Rita sobre su literatura, porque proyectó un vídeo musical de ella justo antes de que se pusiera a hablar.

No sé cómo será ahora, pero allá en los años ochenta, en latitudes caribeñas, el merengue dominicano era el más popular y fácil de bailar para quienes a tierna edad nos iniciábamos en el arte de restregarnos con la pareja de turno; cuando, por primera vez, palpábamos el broche de un sujetador al abrazar niñas con mucho 'haunt', 'down' y 'tempo'. Los chicos, tórpemente, nos dejábamos llevar hundidos en el olor de los jabones y champús, con las manos sudadas y la ropa estorbando como el diablo. Y es esa sublimación de sexualidad desatada y a la vez contenida, o sea, bien latinoamericana, la que no solo marcó preadolescencias al otro lado del charco tropical sino, al menos por referencia, en el resto del mundo. 

 La primera foto salió mal

A pesar de la copiosa producción literaria dominicana del siglo XX, Rita no se siente heredera de tradición alguna, a excepción de Junot Díaz y su libro de cuentos Drown —perteneciente él a “las grandes ligas”, según dice—, pues para ella hay un antes y un después con respecto a los escritores cuya temática giraba en torno al ex dictador Rafael Leonidas Trujillo y quienes, como ella, ya no lo hacen. “Buscaba una literatura dominicana que hablara de los lugares que yo frecuentaba y mis vivencias urbanas, pero no había eso. Por eso empecé a escribir”.

Hasta ese momento, la conversación con Rita era estrictamente literaria, pero la pregunta sobre su sexualidad apareció inevitablemente: “En mi país, me sorprendió que, dentro de su ignorancia o sencillez, la gente de a pie tuviera más espacio para la tolerancia que los periodistas de las revistas o de la televisión”, respondió ella sin el menor asomo de hartazgo por el tema.

En ese momento, recién empecé a fijarme de verdad en su físico; en sus pechos apenas insinuados y larguísimas extremidades. Al ser ella casi de mi edad, me la imaginé en una fiesta merenguera de preadolescentes conmigo, en los lejanos años ochenta, cuando entre 'amigos' nos echábamos en cara nuestros 'defectos' físicos o de personalidad con el fin de hundir psicológicamente al otro y eliminarlo de la competencia. Eso producía inseguridad, algo que podía confinar a cualquiera a quedarse sentando tomando Coca-Cola o comiendo palitos de queso durante toda la fiesta.

Y así es como, en mi imaginación, empecé a sentirme intimidado de sacar a bailar a Rita. No solo por mis inseguridades sino por la gran estatura de ella. Y no solo yo me veía intimidado, los demás chicos de la fiesta también. Podía ver a Rita sola, sentada, prestándole más atención a la música que cualquiera de nosotros que sí bailaba. Podía verla ahí, pensando más que todos desde un sillón o, tal vez, bailando con una buena amiga para no quedarse sentada. 

 Rita y Noelia
¿Habría sido así una fiesta con Rita? No sé, pero es lo que empecé a visualizar en ese déjà vu preadolescente que me invadió, cuando la personalidad no era aún lo suficientemente fuerte como para reírte del qué dirán, de la marca de ropa que usas, con quién bailas o te juntas y demás cosas que hasta el día de hoy, pasados los treinta años y ya rumbo a los cuarenta, veo que sigue siendo importante para mucha gente que no logró superar esa etapa. Hoy, sí que me hubiera atrevido a sacar a bailar a Rita sin importarme su estatura o si me diría que sí o que no. Así me siento desde los 18 años, pero mi versión estúpida de 13 años no era así.

La aversión de Rita por el macho latino lleva años de maceración; décadas. Y, según explica, en Papi quiso condensar todo lo que se entiende por masculinidad en el Caribe, a partir de una flipada que ella tuvo en 2003 en los bosques de Oslo, cuando volvió a ver Scarface y lo asoció con Cien años de soledad. Ahí gritó 'eureka': “Lo vomité en solo tres meses y sin casi corregirlo, pero su proceso previo dentro de mí duró años”. 

Este proceso terminó en una novela a medio camino entre el verso rapeado y la prosa, que al ser leído en un fragmento por ella, dio la sensación de que la conferencia se había transformado en un duelo de hip-hop, aunque sus referentes sean más bien los autores beats como William Burroughs y Jack Kerouac, entre otros.

Al buscar en Internet a la 'musa' que inspiró este libro, apenas sale que el padre de Rita Indiana era un “comerciante dominicano radicado en Estados Unidos”. En la conferencia, dio más detalles: “Murió asesinado en Nueva York en 1989. Los cinco testigos presenciales me dieron cinco versiones diferentes de por qué ocurrió eso”. Y con respecto al tema de la novela, donde una niña de ocho años vive esperando eternamente la llegada de un padre que no vive con ella, y que además es un narcotraficante, Rita confesó apenada que esta historia es mucho más autobiográfica de lo que ella quisiera. Una autobiografía donde la estética Miami Vice está muy presente (referente de la época en Latinoamérica; especialmente en los países caribeños).


Inspiración ochentera...
Mientras decía eso, detrás de ella, en la pantalla donde antes habían proyectado el ya mentado vídeo musical, aparecía la tapa roja de su novela Papi. En esta edición española, las letras de “Papi” dominan claramente el diseño de la portada. “Papi...”. Le pregunté a Rita si cuando escogió el título de su libro fue consciente de la carga sexual que esta palabra tiene en Latinoamérica, mucho más en el Caribe; porque es así como se halaga la sexualidad de un hombre con palabras. Si, acaso, esa tensión sexual que lleva el título del libro era también parte de su vida, del contenido del libro.

Y, por primera vez, la noté avergonzada: como si estuviera reconociendo algo, ruborizada e inclinando la cabeza ligeramente hacía abajo; como si hubiese sido pillada. “Siempre hay tensión sexual con el padre de uno”, dijo sonriendo pero sin mirar a nadie. Luego, ya levantando el rostro, comentó que le hace mucha gracia que en Puerto Rico, lugar donde vive, los hombres se traten de “papi”. “No sé si eso es más perverso aun”, dijo entre risas ya finalizando la presentación.

En estos días, Rita está preparando a dos manos el guión cinematográfico de un musical protagonizado por el descollante grupo puertorriqueño Calle 13. La coautora es la cineasta boricua Noelia Quintero, su pareja. “Nosotras haremos las situaciones y los diálogos. René Pérez (cantante del grupo) hará las letras de las canciones”, me dijo la misma Noelia cuando me le acerqué antes de irme.

Para hablarle a la novia de Rita, Noelia, hay que hacer un esfuerzo para no mirarla muy detalladamente porque es demasiado atractiva. Rita la señaló con la mirada cuando le pregunté por su guión, y volteé a verla quedándome enganchado un poco más de la cuenta con su irresistible aura femenina, pero pude reaccionar a tiempo (creo) para que no me vea como un idiota que se queda mirándola.

Apuesto a que Noelia, bajita y curvilínea, en los ya lejanos años 80, muchas veces fue la más deseada de aquellas fiestas y sí tenía una fila de chicos para sacarla a bailar en la preadolescencia de nuestras estupideces. Y pensar que, 30 años después, Noelia ahora solo baila con aquella chica altísima y delgada que, en su momento, nadie, según mis visiones, se atrevía a sacar para bailar un merengue. Así son las vueltas de la vida, pensé: al final, Rita terminó llevándose a la chica más sexy de aquellas crueles fiestas ochenteras.

Francisco Estrada, 31 de octubre de 2011

DATOS
Libros publicados:
Rumiantes (cuentos, 1998), Ciencia succión (cuentos, 2002, traducido al inglés por Kunstenernes Hus de Oslo, Noruega en el 2003), y las novelas La estrategia de Chochueca (Isla Negra, 2003) y Papi (Vértigo, 2005; Periferia, 2011).

FRAGMENTO QUE LEYÓ

Un carro te puede matar. Un carro se dispara. Un carro carro. Ese mismo, el de ahorita. El mismo de ahora, el mismo carro. Por ahí viene. Acelerando. Acelerando. Acelerando. Es un carro, no es otro cosa. No es un carro. Le dio de nuevo, ahora vemos el mufler gigante botando humo prieto encima del cuerpo muerto. Car, car, el carro vomitando muerto. El carro muerto. El carro fantasma. El buque fantasma. Algunos carros son barcos. Los Chevrolets de los 70, los Impalas. Un carro titanic se hunde en la panza, un carro se te hunde en la barriga, te lo meten por el culo. Engrasaíto. Por detrás y por delante, por toda parte. El carro sin marca, el carro más caro. Qué carro tan caro. Ese carro es muy caro. Yo quiero mi carro. Mi carro. Mi carro. Por ahí viene doblando. Aguántate que viene por ahí. Ahí viene el carro. Te da, te da, te parte el tabique, te hacen cirugía, te sustituyen la nariz por un cajuil. Te cosen un carro, te maniquean el hígado con llaves tilson. Un carro cortante y sonante, por toda palte, con gomas de acero como el enemigo de Ben Hur. Tú no tenía licencia. Tú tenía cincuenta peso pal policía. Pal tráfico. Un muerto, un policía acotao. Te lo pegan a ti. El muerto su carro, el preso su carro. Te regalo mi car wash, te lo regalo.

2 comentarios:

Hernán Migoya dijo...

San Ignacio de Loyola estaría orgulloso. Yo creo que hasta te plagiaría.

francisco estrada dijo...

jejeje muchas gracias, hernán! abrazo.