Megaupload, el boxeo y el arte

Has anybody seen my baby?
Desde hace poco antes del cierre de Megaupload y el consiguiente deterioro de Cuevana, no he tenido más remedio que recurrir a Youtube en aquellos momentos que la lectura profunda me es imposible: después de comer o antes de ir a dormir de noche. Ver alguna película buena, regular o mala era mi anterior opción en aquellos casos.

¿Y qué se me ocurrió que podía ver sin que me importara mucho la calidad de la imagen? Peleas de boxeo. Ahora estoy explorando las grandes batallas de la década de los noventa, y me impresiona todo lo espectacular que había dejado de lado por haberme dedicado a otras actividades.

Mientras veo esas imágenes de guantes y sudor, la verdad es que la paso bien. La única vez que me puse mal fue cuando vi al californiano Óscar de la Hoya maltratando al boxeador español Javier Castillejo. Un quillo total el madrileño, ¡pero le agarré estima por el simple hecho de ser español!

Regreso: la paso bien con todo lo cuestionable que pueda ser este “deporte”. Entrecomillo esta palabra porque el boxeo, justamente por su alto nivel de violencia, está más cerca del ritual en su faceta de sacrificio humano, que de la definición moderna de esta palabra: es decir, la actividad física que, de una u otra forma, comporta beneficios para la salud (las asociaciones médicas de Estados Unidos, Reino Unido y Australia, entre otras, claman por su prohibición).

¿Pero por qué la paso bien observando peleas? Porque me divierte, básicamente. Este goce, no solo en mi caso sino de manera más popular de lo que pueda creerse, está anclado en una experiencia estética. El ojo educado del fanático al boxeo puede percibir infinidad de detalles que van más allá del simple 'golpe y nocáut'. El desplazamiento de los cuerpos en el ring, el trabajo que se hace con los pies, los movimientos de torso y cuello alcanzan tintes ya no solo estéticos sino dramáticos, al exponerse muchas veces la salud y hasta la vida, según qué combates.

Luego, poder apreciar la estrategia a largo plazo del peleador para plantear los encuentros y, además, cómo sale éste de los problemas imprevistos (esa inteligencia que algunos neurólogos contemporáneos, a pesar de ocurrir en fracciones de segundo, califican como pensamiento y no como instinto), generan una especie de identificación en el observador cuando es reconocida. Y, claro, hay morbo, pero como es esto de lo que más se habla o lee en contra del boxeo, lo dejo de lado para no repetir lo escrito mil veces (por lo menos, más que su defensa). 

¿Pero y cuál es la principal diferencia entre películas y boxeo? ¿La carga ritual, el nivel de realidad o el morbo? Sí a todo ello, pero para mí hay algo más importante: una vez que acabo de ver una película, ésta me deja algo. La película no se acaba ahí nomás sino que sus efectos en mi cerebro han generado nuevos espacios de pensamiento. Nuevas vías que me conducen luego a otros mundos, situaciones que antes no me había planteado y que fueron estimuladas por el cine. Esto, en un plano muy narrativo (lo mismo me sucede con la literatura), pero también puede aplicarse en las artes o propuestas que tienen en el gesto o el abstraccionismo su punto de partida. 



Christoph Eschenbach.
Vamos al ejemplo más universal: el de la música. El pintor Wassily Kandinsky, en su libro De los espiritual en el arte (1911), puso como ejemplo supremo a la música, el primer arte que, según él, había alcanzado la abstracción, pues cuando el ser humano utilizó por primera vez únicamente el espectro de notas, se desmarcó por completo de la representación de la naturaleza. Según él, la pintura de su tiempo tenía la misión de explorar en esa dirección.

Siguiendo con el ejemplo de la música, ¿cómo quedarse con 'algo' de ella una vez que ésta deja de sonar? ¿Qué nuevos horizontes puede abrir en el pensamiento cuando no hay un texto que la acompañe y pueda así conducir hacia otras dimensiones a través del lenguaje? Se podría decir que, en el inconsciente, ésta deja causes nuevos en el cerebro que van más allá del simple goce inmediato. 

Y si bien numerosos estudios y experiencias atribuyen propiedades curativas a la música (lo que significaría que, en efecto, el inconsciente percibe y construye en el cerebro nuevas vías), creo que estos experimentos también podrían arrojar resultados terapéuticos para quienes se exponen habitualmente a partidos de fútbol (¿cuántas depresiones, cuando no suicidios o actitudes violentas son sublimadas frente a un césped verde por la gente que pretende ser de bien?).

Debido a ello, el asunto estaría más supeditado a un nivel de instrucción del receptor, lo cual facilitaría generar las 'nuevas vías' que las artes más gestuales y alejadas del contenido podrían producir en la mente. En el caso de la música, haría falta un mínimo conocimiento de teoría musical. Ser sorprendido por una síncopa, desentrañar el misterio que hay entre un acorde previo y uno siguiente, y reflexionar sobre ello es análogo a la capacidad de apreciar un trazo inusual que, tanto en la música como en la pintura, están supeditados no solo a la posesión de un marco teórico sino al conocimiento de la historia de esa disciplina (historia que luego genera una narrativa así se trate de una coreografía de Merce Cunningham). 

Y todo ello sin mencionar elementos como la combinación de ritmos, géneros o aplicación de nuevas tecnologías. Creo que un artista plástico me entendería si éste recordara la sensación que se llevó a la cama después de ver 'esa' exposición; lo mismo un bailarín después de ver 'aquella' función o músico conmocionado después de 'ese' concierto.

Visto así, el boxeo, en un plano estético e histórico, podría ser apreciado como cualquiera de estas artes más gestuales... pero la realidad es que todas estas posibilidades estéticas en éste y otros deportes siempre me llevan hacia un callejón sin salida. Es decir, puedo gozarlos en el momento, pero luego me dejan un vacío. ¿Por qué? Puede que todo ello se deba a una especie de moral artificial que considera a las artes como algo superior al deporte, lo cual sería el origen de mi desazón, pero si no fuera así, si en realidad el arte tuviera algo más que el deporte no posee, creo poder enumerar algunos motivos para creer en esta segunda opción. 



No es un artista, pero...
Si bien respeto y amo el deporte, a diferencia de las artes, no puedo encontrar en él los gérmenes que inciten a nuevas vías de pensamiento que, por alguna razón, las pueda relacionar con los grandes movimientos históricos. La simple ejecución del deporte es prácticamente una roca inmune a los acontecimientos sociales, pues su forma, a nivel individual, no depende del devenir histórico ni representa épocas. El ejemplo más notorio son los cien metros planos, donde los atletas prácticamente hacen lo mismo que hace cincuenta años. Cambia la tecnología (drogas, vestuario) y los registros, pero el cuerpo se sigue moviendo igual.

El deporte no abre nuevas vías de pensamiento que puedan ser relacionadas con lo colectivo o histórico (gritar “gol” está demostrado que no hace a una nación, por ejemplo). Al contrario, muchas veces, esa cualidad hierática del deporte es usada para dejar las cosas tal cual están, aunque de ello tampoco se escapa la música según los usos de cada quién... pero, claro, hay música más proclive que otra hacia esos fines.

¿Una excepción en el deporte? Sí la hay: Muhammad Ali, ferviente activista político que hizo del mundo entero un ring de boxeo (no por algo es considerado el más grande atleta del siglo XX). Con su estilo, Ali rompió los moldes ortodoxos del boxeo, en el mismo momento que en la sociedad estadounidense se rompían moldes en los años sesenta. Muhammad solo hay uno, pero directores de cine con radares que capten las señales de los tiempos y las plasmen en sus obras, los hay muchos.

Por ello, necesito urgentemente volver a ver algo de cine, y dejar mis contemplaciones deportivas para los fines de semana. Si ello no ocurriera pronto, siento que terminaría volviéndome una estatua de sal... A todo esto, y con ánimo puramente autodestructivo con respecto a todo lo que he escrito: ¿Serán los estrategas como Guardiola o Bilardo, por citar solo un par, comparables a los directores de cine? ¿Representarán sus planteamientos en el campo los procesos históricos que vivimos? Pido tiempo...

Francisco Estrada. Barcelona, 13 de febrero de 2012.

4 comentarios:

Malivern dijo...

Da que pensar esta reflexión .
Como incondicional de la boxa , yo la veo más cercana al arte que la tauromaquia .
De Creta a Las Ventas todo el significado del rito sagrado se ha perdido .
El toreo como lo conocemos nació cuando los nobles se hartaron de matar toros a caballo por considerarlo un barbaridad , pero el "populacho" no quiso prescindir de ello , el otro espectáculo eran las ejecuciones a garrote , las misas y las procesiones .
Martincho , el primer torero era un carnicero de oficio .
El boxeo no es una ejecución ritualizada , como lo puede ser un penalty .
Todo deporte no deja
de ser fascismo , y las masas ansían el fascismo . Perdona la generalización , pero me refiero al aspecto de adoctrinamiento y uniformación del pensamiento que supone el forofismo , hago una burda generalización. Puede que vengan tiempos de exacerbación del nazismo simpáico en el que ya vivimos , y el deporte será , aún más , una herramienta imprescindible.
El boxeo aún es , uno contra uno .
Algo atávico . Respecto a tu última reflexión , quizás sí , habrá que ver .
Y ¡ qué decir de Castillejos ? No era un pegador , pero un fajador nato . Lo que aguantaba el tipo.

francisco estrada dijo...

de acuerdo contigo en muchas cosas, pero con respecto a qué es ritual o no, manejo otro concepto. en el perú, por ejemplo, tenemos algunas batallas rituales donde la gente se saca "su" mierda a pedradas y golpes... son una herencia de batallas ancestrales andinas, como las del tawantinsuyo, donde se decidía quién sería el nuevo inca: quien moría, perdía; y quien ganaba, pues era el nuevo inca... jejejeje o sea, esas batallas son ejecuciones ritualizadas que ocurren en el tiempo y no solo en una sola acción. tal vez estoy equivocado, pero es lo que yo entiendo por ritual... y me deja mucho pensando lo que comentas sobre el deporte... no por algo éste tiene estricta relación con las obras monumentales, faraónicas, con las cuales los poderes totalitarios (de izquierda y de derecha) demuestran y ejercen su poder en los espacios y paisajes. sobre castillejos, hombre, creo que de la hoya lo dominó psicológicamente más que otra cosa. hubo un par de rounds donde castillejos demostró que podía hacerle más pelea al "golden boy"... aunque claro, es fácil decirlo escribiendo. otra cosa es tener a de la hoya enfrente (dicen que pegaba como un peso pesado). ah! o sea que castillejo era un rocky marciano? interesante...

Malivern dijo...

Para mí , si te fijas , parece que : o bien no quiere pegar o no puede , pero reflejos demostraba muchos ( El Lince de Parla ). Y claro ,desde aquí es fácil decirlo ; De la Hoya un látigo , una cobra , cómo restallaba el brazo ... en fin .
Correr es siempre la mejor opción .

francisco estrada dijo...

sí, la pelea es un poco rara. recuerdo pensando mientras veía a castillejos: "pero pégale, hombre". por eso pensaba que castillejos entró "achantado" al ring, psicológicamente disminuido... si mal no recuerdo, en un momento, en la esquina de castillejos le gritan: "¿qué te está pasando, hombre?". de todas formas, creo que la mejor versión de castillejos no le hubiera ganado a óscar de la hoya, aunque sí hecho sufrir mucho... en fin, una suposición más! tal vez no podía pegarle porque, simplemente, si lo hacía, descuidaba la defensa y ¡pum! golpe del 'golden boy'.